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Una multitud de seguidores lo afirman: Jesús reencarnó en un hombre ruso que solía dirigir el tránsito pero que ahora imparte sus enseñanzas en el gélido territorio de Siberia.

Sergei Torop, un hombre ruso de 48 años, se autoproclamó en 1989 como el “Maestro de Vissarion” o “Jesús de Siberia”, después de tener una epifanía, o manifestación, en la que comprendió que él era en verdad la reencarnación de Jesús en nuestros tiempos, según informa hoy el sitio británico The Sun.
Antes de transformarse en el Verbo Encarnado, Torop era un simple empleado público de Krasnodar, al sur de Rusia, y se desempeñaba como oficial de tránsito. Pero si antes hacía multas, ahora imparte las enseñanzas divinas en sus 30 templos que albergan a unas 4 mil personas.
Torop y sus miles de discípulos se reúnen periódicamente en la localidad rusa de Petropavlovka, que está perdida en la espesura silvestre de Siberia. Ahí, el autoproclamado “Mesías” enseña a sus seguidores. “No soy Dios, soy la viva imagen de su Palabra”, explicó en una oportunidad a un periodista.
La vida en los asentamientos de los “vissarianos” es dura, según explican sus propios ocupantes, ya que no está permitido utilizar dinero, comer carne y se prohíben los vicios como fumar o tomar alchohol. “La salvación está en la vida dura”, explicó en su momento el curioso gurú.
Aunque sobrepasó ampliamente la edad en la que murió Jesús, Torop tiene un gran parecido físico con las representaciones artísticas que se hicieron a lo largo de la historia en el arte sacro. A simple vista, vestido de blanco y calzado con sandalias (que usa con medias para contrarrestar el frío siberiano), Torop parece haber adoptado plenamente el estilo despojado que impone a sus seguidores.
Por ahora, la “Iglesia del Último Testamento” sigue vigente en Siberia, donde el líder asegura que es el lugar ideal para sobrevivir al fin del mundo, y su estilo de sociedad es el adecuado para adaptarse “a la nueva verdad”.
El diario The Washington Post relata que los fieles de Morada del Alba se levantan temprano para las oraciones matutinas. De rodillas en el césped húmedo, rodeados de abetos y pinos, cantan himnos y rezan. Luego distribuyen el trabajo y se dispersan para una dura jornada, pues la creencia es que afanarse duramente favorece la socialización.
El pueblo aloja a cerca de medio millar de creyentes, pero de cuatro a cinco mil más viven a menos de una hora de camino en pequeños poblados que siguen todas las mismas reglas: no vicios, no alcohol, no tabaco. Dieta vegana: vegetarianismo estricto.
La comuna de Vissarion se autodenomina Iglesia del Último Testamento. Y es que el gurú escribió un Último Testamento en nueve volúmenes que contiene 61 mandamientos. Nada especial, pero según los observadores externos, el culto inventado por Vissarion, además de contener muchos elementos del ritual ortodoxo tan caro a los rusos, es una especie de ensalada de valores budistas, taoístas y ecologistas.
¿Quién es Vissarion?

Su vida anterior no es ningún secreto. Se llama Sergei Torop. A los 18 años se enlistó en el Ejército Rojo, donde terminó como sargento. Trabajó tres años como metalúrgico en una fábrica de Minusinsk, un pueblo siberiano. Luego trabajó en el mismo pueblo como un agente de tránsito ejemplar.
En 1989 hubo recortes y se quedó sin empleo justo cuando la Unión Soviética se hacía trizas. Millones de rusos se quedaron al garete, desprovistos de una idea de futuro. Fue entonces cuando Torop tuvo su experiencia mística: “algo se despertó en mi interior”, recuerda.
Dice que ahí se percató de su naturaleza divina y comprendió que Dios lo había enviado a la Tierra porque ésta era aplastada por el odio y la guerra y el deterioro ambiental.